Cuando percibimos el mundo que nos rodea solemos creer que la imagen que obtenemos de él es un fiel reflejo de la realidad, pero esto no tiene por qué ser así. Cuando percibimos algo externo también está actuando nuestro interior, lo que somos y lo que ya conocemos en esa percepción, es decir, en realidad se trata de construir algo nuevo sobre lo ya existente. Nuestros propios esquemas entran en funcionamiento y, por supuesto, la huella cultural y social que éstos contienen, puesto que no podemos olvidar que todo aprendizaje humano es fruto de un proceso de socialización, que depende del entorno social y la situación emocional también. Caminamos cotidianamente por nuestras ciudades, rodeados de imágenes. Estamos horas frente a pantallas y monitores, también enfrentados a imágenes. El propio mundo se nos presenta como una totalidad, como una imagen única de nuestra propia vida. Pura percepción, y por otro lado, lo selectivo que nos caracteriza y nos permite percibir ciertas cosas y obviar otras; orienta nuestros sentidos hacia aquellas cosas que podemos reconocer o que nos llaman la atención.
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